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Trastorno dismórfico corporal

El trastorno dismórfico corporal (TDC), también conocido como dismorfofobia, es un trastorno somatomorfo caracterizado por una preocupación importante y fuera de lo normal por algún defecto percibido en las características físicas (imagen corporal), ya sea real o imaginado. Si dicho defecto existe, la preocupación y ansiedad experimentada por estas personas es excesiva, ya que lo perciben de un modo exagerado.

El afectado puede quejarse de uno o varios defectos, de algunas características vagas, o de su aspecto en general (global), causando malestar psicológico significativo que deteriora su desempeño social o laboral hasta el punto de manifestar síntomas ansioso-depresivos severos y el desarrollo de otros trastornos como ansiedad, aislamiento y exclusión social.

Un estudio alemán ha demostrado que el 1-2% de la población cumple todos los criterios diagnósticos del TDC, con un porcentaje mayor que solo muestran síntomas leves de la enfermedad. La baja autoestima (crónica) es una característica intrínseca de las personas con TDC, ya que la valoración de su valía como personas está tan estrechamente vinculada con la percepción de su apariencia.

El TDC se diagnostica a hombres y mujeres por igual, y desencadenan síntomas (o un verdadero cuadro) de ansiedad social para quienes lo padecen.

Phillips documentó que el 97% de los pacientes con TDC evitan las actividades sociales normales y ocupacionales. La mayoría son solteros o divorciados. Muchos presentan ideas suicidas o autodestructivas, y suelen invertir varias horas del día en mirarse al espejo, un acto compulsivo que corresponde a lo que se conoce como una práctica ritual desde el punto de vista psiquiátrico.

Las causas del TDC difieren de una persona a otra. Sin embargo, la mayoría de los investigadores creen que podría ser una combinación de factores biológicos, psicológicos y ambientales de su pasado o presente. Malos tratos, abuso o abandono pueden ser también factores contribuyentes.

El inicio de los síntomas generalmente ocurre en la adolescencia o en la edad adulta temprana, donde comienzan la mayoría de críticas personales relacionadas con la imagen corporal, aunque los casos de aparición de TDC en niños y adultos mayores no son desconocidos. Se cree erróneamente que el TDC afecta principalmente a mujeres, pero las investigaciones muestran que afecta a hombres y mujeres por igual.

El trastorno provoca deterioro en la calidad de vida y suele darse comorbilidad con el trastorno depresivo mayor y la fobia social. Con una tasa de ideación suicida de alrededor del 80%, casos extremos de TDC pueden ser considerados factores de riesgo para el suicidio. Sin embargo, muchos casos de TDC son tratados con intervención psiquiátrica o psicológica. Una persona con este trastorno se puede tratar con psicoterapia, medicamentos o ambas modalidades.

La investigación ha demostrado que la terapia cognitiva conductual (TCC) y los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) pueden resultar eficaces en el tratamiento del TDC.

El trastorno dismórfico corporal suele ser de curso crónico, y los síntomas tienden a persistir o empeorar con el tiempo si no se tratan. Los afectados por TDC padecen durante muchos años antes de decidirse a buscar ayuda psicológica o psiquiátrica.

Definición del trastorno dismórfico corporal

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM IV) define el trastorno dismórfico corporal como un trastorno somatomorfo marcada por una preocupación por un defecto imaginado (o real) en la apariencia física, que causa un malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras importantes áreas de la actividad del individuo, como el estudio o las relaciones íntimas. A veces incluye el evitar aparecer en público e, incluso, ir a trabajar, salir de casa solo de noche evitar ser vistos o no salir en absoluto, llegando al aislamiento social.

La dismorfofobia es un trastorno mental que genera una imagen distorsionada del propio cuerpo. El trastorno generalmente se diagnostica a aquellas personas que son extremadamente críticas de su físico, apariencia o imagen corporal a pesar del hecho de no tener un defecto o deformación objetiva que lo justifique. Sin embargo, el TDC puede implicar un defecto real que en la mayoría de los casos es leve, pero el afectado sufre constantemente obsesionado con él. Los síntomas del individuo no se explican mejor por otro trastorno, por ejemplo, la preocupación por el peso suele ser atribuida a un trastorno de la alimentación.

Las personas con TDC comentan que desearían cambiar o mejorar algún aspecto de su apariencia física, aunque en general ellos tienen una apariencia normal o incluso pueden ser altamente atractivos.

Los enfermos creen que son tan indescriptiblemente horribles y que no son capaces de interactuar con otras personas o funcionar normalmente por miedo al ridículo y a la humillación por su apariencia. Esto puede hacer que con frecuencia las personas con este trastorno se recluyan o tengan problemas en situaciones sociales (ansiedad social) por miedo a ser rechazados o criticados por su fealdad.

Así como pueden evitar mirarse en el espejo, también pueden hacer lo contrario: mirarse excesiva y compulsivamente, analizando y criticando todos sus defectos. Esta obsesión por su apariencia física les ocupa generalmente una hora diaria o más y, en casos graves, la disminución del contacto social e incumplimiento de sus responsabilidades diarias, optando por recluirse en su casa.

Se piensa erróneamente que el TDC está motivado por una excesiva y enfermiza vanidad o egolatría. Al contrario, las personas con TDC no creen ser más glindos y atractivos que los demás. Perciben y piensan que sus hipotéticos defectos son irrevocablemente feos o que determinados rasgos y características físicas no son tan buenos como ellos quisieran, acompañado de un desagradable sentimiento de ser imperfectos y/o inferiores a los demás.

Los casos más extremos pueden hacer que una persona desarrolle la llamada timidez amorosa (proveniente del concepto anglosajón love shy o love-shynesss y utilizado por el psicólogo Brian G. Gilmartin), una forma crónica de evitar todas las relaciones íntimas.

Pueden llegar a ser reservados y reacios a buscar ayuda por lo que puedan pensar de ellos o porque se sienten demasiado avergonzados. Se ha sugerido que son menos los hombres que buscan ayuda para la enfermedad que las mujeres.

En casos extremos puede haber tentativas de suicidio. Suelen estar desempleados o presentar desventajas en el trabajo, además de permanecer socialmente aislados, según remarca en uno de sus trabajos el doctor David Veale, del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Londres y psiquiatra consultor en el Priory Hospital North London.

Historia del TDC

Se trata de un cuadro psicopatológico descrito por primera vez en 1891 por el italiano Enrico Morselli (1852-1929), quien acuñó el término dismorfofobia en 1886.

El TDC fue reconocido por la Asociación Psiquiátrica Americana en 1987 y fue registrado y reconocido oficialmente como trastorno psiquiátrico en 1987 en el DSM-III-R. Desde entonces se ha cambido el nombre de dismorfofobia a trastorno dismórfico corporal.

En su práctica, Freud tuvo al menos un paciente con este trastorno: el aristócrata ruso Sergéi Pankéyev. Llamado “El hombre de los lobos” (der Wolfsmann) por Freud para proteger su identidad, Pankéyev manifestaba una excesiva preocupación por su nariz a pesar de tener un exceso vello corporal. Llegando, incluso, al extremo de evitar exponerse en público.

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